PLAN PERFECTO
“No quiero saltar Oliver” dijo Miya…
Ahí estaba yo, aquel día lluvioso, un niño de 11 años escapando de los tíos.
Mis padres murieron cuando yo era muy pequeño, y me criaron mis tíos. Mi tía no trabajaba y no sabía como tratar a un niño. Mi tío trabaja todo el día, sólo venía para cenar. Entre ellos discutían todo el tiempo.
En la escuela tenía pocos amigos y mis compañeros me molestaban demasiado. La verdad, sufría mucho. Se burlaban de mi posición económica, de la ropa que usaba, de la muerte de mis padres, me golpeaban y me sacaban dinero.
Hasta que llegó un día, el que cambiaría mi vida por completo… Un niño de mi salón me estaba molestando.
-“Basta!!” le dije yo.
-“Oh, el bebé está llorando? Jajajaja!” contestó Jack, -“Quieres pelear?” agregó.
Esto hizo que me enojara mucho, por lo cual lo golpeé, logrando que cayera desplomado al suelo.
Desde la escuela llamaron a mi tía y a la madre de Jack para una reunión, en la cual tuvimos que explicar lo ocurrido, y a causa de eso fuimos suspendidos durante tres semanas. Cuando llegué a mi casa mi tía me regañó, y yo, cansado de esta vida, me preparé una mochila con ropa y escapé. Corrí, corrí y corrí sin un propósito, sin un destino, sólo quería empezar de cero mi vida. Estuve dos días durmiendo en la calle, veía carteles con mi foto y que decían “ Se busca niño desaparecido”. Pensé en volver, pero una parte de mi corazón me decía que no.
Era el tercer día y yo, pasando hambre y frío. Desesperado no sabía qué hacer y decidí ir a un orfanato, en el cual me adapté correctamente y encontré dos amigos, Shakir, un niño africano, y Miya, una niña japonesa. Y juntos compartimos muy buenos momentos.
Al pasar de los meses, pensamos en cómo escapar. Estuvimos un montón de tiempo planeando la fuga de “la cárcel”.
El día llegó, el más esperado. Estábamos muy ansiosos, con miedo a que saliera mal. Todo comenzó a la noche, precisamente a la hora de la cena, en la cual fingimos una pelea. Como consecuencia nos enviaron a nuestras habitaciones. Hasta ese momento el plan venía perfecto, no había margen de error. Lo único que faltaba era escapar.
Salimos por las ventanas de nuestras habitaciones y nos reunimos en el cuarto de Shakir.
Desde allí trepamos por los techos, en un momento casi fuimos descubiertos, pero tuvimos mucha suerte. Seguimos con nuestro plan y logramos salir del orfanato.
Estábamos muy felices y corrimos hacia la estación de trenes. Cuando llegamos, nuestro tren ya había arrancado, y teníamos que subirnos mientras estaba en movimiento.
-“No quiero saltar Oliver” dijo Miya, la miré y le dije: “Lo harás, saltarás”…
Bien, Valentino. Tratá de usar fuente un poquito más grande.
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